El ahorro empieza por las ruedas

El juego de neumáticos de un automóvil es una parte esencial, tanto en seguridad como en conducción y ahorro, teniendo en cuenta que se trata del único apoyo de un vehículo, el único nexo de unión entre el vehículo y la carretera. El rozamiento y agarre que se da entre las gomas y el firme, permite que el coche pueda girar, frenar, acelerar… en definitiva, ser manejado. Las condiciones meteorológicas, así como otras circunstancias, producen cambios en las condiciones del firme, de forma que tanto el agarre, como la capacidad de frenado y direccionales del vehículo pueden variar de forma sustancia. En condiciones de lluvia, el rozamiento disminuye y, por tanto, el agarre y la capacidad direccional. A medida que las condiciones empeoran, con condiciones de nieve y hielo, esta capacidad se hace aún menor. Utilizando este principio físico, los neumáticos de baja fricción tienen la capacidad de poder reducir el consumo de un vehículo.

Si hablamos de cifras, el responsable técnico de Michelin en la presentación de esta tecnología, cifra el consumo en torno a medio litro cada 100 kilómetros. La utilización de compuestos especiales en la banda de rodadura (zona de contacto del neumático con el firme) reduce el rozamiento, de modo que la exigencia energética para el vehículo es menor y, por extensión, el consumo del motor disminuye.

Es importante recordar que el neumático siempre debe tener un rozamiento mínimo, teniendo en cuenta que esto se traduce en una mejor respuesta y un aumento de la seguridad en circulación.

Las cifras pueden parecer pequeñas pero si realizamos unos sencillos cálculos, podemos apreciar que en un kilometraje de 20.000 kilómetros anual (que es, de forma aproximada, el de un utilitario), el ahorro sería de unos 100 litros. Para que nos entendamos, al final del año sería, (para un coche diesel), en torno a 140€. En términos de neumáticos, con el ahorro en combustible se podrían financiar los cambios de cubiertas prácticamente en su totalidad.

Sin embargo, estos neumáticos de baja fricción no se utilizarían para cualquier vehículo. No porque no se pueda, si no porque carece de lógica montar en coches de gran cilindrada y potencia neumáticos que reducen el rozamiento y, por ende, otorgan menor adherencia (con la consiguiente reducción de la seguridad en carretera).

Hay que tener en cuenta que hay otros factores que afectan directamente tanto al consumo como a la adherencia. Entre estos factores destaca la presión de hinchado, toda vez que un neumático con la presión inadecuada se deforma, se desgasta de forma irregular y con una menor vida útil.

De esta forma, hay que tener claro que hay que atender a múltiples factores para aumentar la eficiencia del vehículo y reducir el consumo, pero los neumáticos de baja fricción pueden ser un buen elemento para comenzar a ahorrar. Por otro lado, hay que contemplar el uso de neumáticos nuevos de larga duración y mayor eficiencia como una realidad, en coyunturas como la actual, en la que la crisis ha hecho aflorar de forma generalizada usos tan poco recomendables como el de neumáticos de medio uso.

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